La Trucha

Si te rompería esa libretita en que anotas, mirá, cada vez que ponés la cara de no te creo. Si te dijeron que miento, te mintieron; si te dijeron que exagero, te exageraron; Porque mentir no miento, o no miento más; exagerar, bueno, por qué no. Ahora, si te dijeron que cuento las historias cuarenta veces, te dijeron la verdad, preferible repetir lo que vale, mirá, porque inventar para qué. La trucha existe y si no, quedate un rato y vas a ver.Mi amigo Danilo me dijo una vez que yo no era mas que un forro que hacía de hombre sabio, el idiota, tan idiota, tan idiota, que un día, por esquivar un charco, saltó a la calle, lo atropelló un camión y se murió.Pero que carajo te tengo que explicar, si me creés bien y si no también, al fin y al cabo vos me encaraste a mi, que joder, con esa libretita y buscando no se qué material, como decís vos; material, material al corralón, te digo yo, que esto no es mas que cháchara de viejo medio en pedo.Hace muchos años, cuando el agua del lago era mucho mas clara que ahora, porque si te quedas un rato vas a ver pasar mas latas y soretes que pescados, tendría yo unos diecialgo, y mi hermano otro tanto, por ahí veinte. Veníamos siempre a este mismo lugar, yo me sentaba junto a este mismo árbol, que en esa época lo habíamos sostenido con un palo de escoba, tan flaquito que era, ahora él me sostiene a mí, mirá lo que son las vueltas. Mi hermano se sentaba en esa piedra que estás vos. Jajajaja, como se te nota el culo de ciudad por esa cara de incómodo que ponés.Yo me cansaba de sacar truchas, mirá. Grandes, chicas, jóvenes, viejas, peliagudas, mansitas.Mi hermano era mas... como que esperaba... mas... mas... ¿Selectivo?, Si, puede ser... bueno, en mi época le decían fifí, o caquita. O por lo menos eso creía yo, que era un pendejo medio salame. Mi hermano se paraba en la piedra y se pasaba horas mirando el agua, como metiéndose, ¿me entendés? La caña en la mano y la plomada en el aire, esperando. Como que ninguna le venía bien, hablaba en voz baja y yo me cagaba de risa y sacaba y sacaba.Llegábamos a casa, y yo entraba con el pecho lleno de truchas y el canasto que rebalsaba.Papá me palmeaba la espalda y se reía, pensando en los cobres que íbamos a rescatar en el mercado al día siguiente. Después elegía dos o tres de las mas lindas y se las limpiaba de un tirón, el viejo, que a la diestra del cuchillo no le hacía sombra ni el Fierro, mirá.Mientras las damas tronaban en la parrilla yo rompía la lechuga y me hermano abría un semillón que ni te cuento, que lo pateaba la vieja Herminia, cerquita de acá, como a legua y media.Se morfaba bien, daba gusto verlo al viejo sonriente, poco mostraba el colmillo desde que mamá crepó, yo pensaba en las monedas que me tocaban del botín, y mi hermano comía en silencio, pero la frente alta.Después nos íbamos al bar, papá se empedaba de lo lindo, el único que le seguía el tren a los dos o tres Mapuches que quedaban, terminaban abrazados y cantando andá a saber que corno, porque era canción indígena, que papá sabía, ni me preguntes porqué. Siempre terminaba hablando de mí, porque se reía y me señalaba, a mí o a mi mellizo que él veía, y mi hermano tomaba caña despacito y en silencio, con la tranquilidad del que espera lo perfecto, la seguridad del que no se conforma con poco.Por la noche los oía pelear, mas bien lo oía al viejo gritar el pedo, y mi hermano poniendo el pecho a las flechas calladito, hasta que me dormía.Al otro día, lo mismo.Resulta que un viernes, que era el día mas movido, yo me di cuenta que mientras papá empezaba a los mimos con los indios, uno se quedaba como prendado, sin abrir la boca, mirando a mi hermano. Se zafó, che, del abrazo del escabio, y se le fue a mi hermano. Hablaron como media hora hasta que mi hermano sonrió como un idiota y le aceptó una piedra que tenía el mapuche al cogote con una piola verde.En casa, mas tarde, se agarraron fiero, papá y él, y esta vez, mi hermano le cantó una serenata que dio miedo, que el cooperativismo y no sé qué, que la liga patriótica argentina y no se cuál.El sábado se paró en la piedra, con una cara que parecía estatua. Yo sacaba y sacaba y él nada, che. Hasta que por ahí lo veo que da un respingo, cabecea como centrofoward y tira la plomada bien lejos y eso que no había reels en esos tiempos. Enseguida nomás pegó el tirón y yo ví, como suspendida en el aire, la trucha más hermosa que había visto en mi vida; le reflejaba las crines al sol, verde, amarillo y un rojo medio raro. Medía como un metro y corcoveaba como alazán enojado. Yo me paré y me le fui. Mi hermano la tenía en las manos, la miraba medio bizco y pensé que le pasaba algo. Él me miró serio, luego sonrió y con una ternura femenina, le sacó el anzuelo y la tiró al lago. Casi me quedo de un síncope, casi me tiro de cabeza al agua, pero mi hermano me revolvió el pelo, agarró la canasta y encaró para casa. Yo tardé en reaccionar. Llegué después que él y los agarré en plena trifulca, papá cortando el aire con la cuchilla y él esquivando el sablazo.Los separé como pude y hasta ligué un tajo en el brazo. No se dijeron nada, y yo no pregunté. Esa noche no comimos ni fuimos al bar, derecho al sobre nomás.Al otro día mi hermano ya no estaba y papá estaba de perros. En la almohada de mi hermano estaba la piedra del mapuche, la agarré y me la puse al pescuezo, cuidando que no se notara, para que papá no la viera.Agarré la canasta y me fui al lago, solo, por primera vez en mi vida. Me apronté a tirar línea, como quién dice, y escucho un murmullo, al otro lado del árbol ese caído de ahí, que ya estaba entonces y va a seguir estando después. Dejé caña y presa y me arrimé. Trepé como mono de monte y casi me congelo. Ahí estaba mi hermano, hincado en la ribera de piedras, con el bolso al lado y la cara casi tocando el agua. Si te reís te tajeo, pero también estaba la trucha, la cabeza afuera del agua, ojo a ojo con mi hermano, parecían novios, mirá, y mi hermano le hablaba y la trucha escuchaba. Mi hermano se paró, me vio y me saludó con la mano. Miró a la trucha, que pegó medio salto afuera del agua, y se fue caminando por la costa. Yo me quedé hasta que desapareció. La trucha también.Nunca mas lo vi.Dos semanas después papá se pegaba el escopetazo en la cabeza, y un mes mas tarde, la vieja Herminia me dijo que a mi hermano lo habían fusilado los milicos en no se que quilombo de la Patagonia.Desde entonces volvía al mismo lugar y sacaba y sacaba truchas, hasta que aparecía la de mi hermano, dejaba la caña y la miraba ir y venir, reflejándole los pelos al sol, acercándose a la ribera y sacando la cabeza afuera del agua, como buscándolo. A veces lo buscábamos juntos. Después me iba a casa, me hacía alguna a la parrilla y me iba al bar a empedarme con los Mapuches. Contaba la historia de mi hermano y su novia la trucha, pero se me reían y yo apostaba plata. Cuando llevaba a los rivales a constatar el asunto, la trucha no aparecía ni por casualidad. Perdí mas de lo que ganaba y entonces ya no conté nada.Al final no se que carajo te interesa a vos todo esto, no se que vas a escribir. ¿A quién le interesa la historia de un viejo borracho, su hermano, y una trucha vieja, pero grande y linda?¿Ahora?
No, ahora no pesco más. La vengo sólo a ver a ella. Supongo que me hace acordar a mi hermano, y yo a ella. Me alcanza con verla ir y venir, cada tanto cruzo el árbol caído y charlamos un rato, pero nada más. Es la trucha de mi hermano. A veces me gustaría que ese sábado la hubiese sacado y mostrado a papá, así le cerraba la boca a ese viejo cabrón antes de morirse en la Patagonia.


1 Comments:
Diego, la verdad es que sos un narrador impresionante. No cualquiera. Logro ver la trucha, los indios y todo lo que vas contando...tiene un nivel de libro. Te felicito y te envidio hasta el infierno!
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