Thursday, August 24, 2006

El Tren de los Ángeles















Estudiosos de la teología y perseverantes de la religión aseguran que Dios tiene un carácter podrido. También, en silencio y en exclusivas logias religiosas secretas se dice que es poseedor de un retorcido sentido del humor.
Investigadores de ciertas falanges algo subversivas del Vaticano aseguran que desde que Satanás, mano derecha y Ángel preferido de Dios, fue exiliado del Cielo, la comunidad angélica perdió de alguna manera el respeto absoluto al Dios Padre, o por lo menos, dejaron de verlo como una figura tan autoritaria.
Sumado a esto, el precepto de que los ángeles son seres inestables, quilomberos y adeptos a las insubordinaciones también surge de los escritos antes mencionados.
Me pregunto de donde sacan sus informaciones estos estudiosos, dónde conocen a sus fuentes, como conducen sus confirmaciones. Estos catedráticos no han estado muertos nunca, supongo, y considerando que pertenecen a la más alta elite de pensadores y filósofos ascéticos, pongo en duda que realicen sesiones espiritistas, consulten oráculos, brujas, videntes y tarotistas con tal fin.
Es posible que, una vez más, seamos víctimas de los fabuladores de fábulas. Pero si bien esta organización terrorista ha conocido épocas de esplendor y poderío, me aventuro en predecir que resulta difícil que hayan logrado filtrar sus ideas sediciosas en las más altas esferas del Vaticano.
El pésimo precedente de Satanás, entonces, dio como resultante la proliferación de actos sediciosos por parte de gran cantidad de ángeles. Se dice que muchos tiñen ciertas plumas de sus alas con colores estrafalarios para diferenciarse de los que ellos llaman "Los Carneros" (aquellos alados que aún sienten profundo respeto por Dios y se negaban a escribir obscenidades en el baño de hombres.)
Famosos son los casos de ángeles desterrados del Elíseo por sus actos que intentaron seguir los pasos de Satanás, acaso más impulsados por la envidia de sus éxitos que por verdadero deseo de desarrollo personal. Así fue como surgieron pobres imitaciones del Infierno, con títulos como El Infierno II los menos ingeniosos o "El pozo oscuro e infinito de los tormentos más terribles y duraderos" los más pretenciosos y torpes.
A Satanás, que para este entonces había pasado varios milenios entre los hombres y en consecuencia aprendido varios trucos nuevos, especialmente en las áreas de Marketing y competencia comercial, no le resultó difícil arruinar estas franquicias fraudulentas en poco tiempo.

La insurrección angélica estaba saliéndose de sus cauces, y si bien a Dios le divertía molestar a Satanás enviándole desafíos, también gustaba de fastidiar a la humanidad en su burguesa comodidad universal.
Decidió, entonces, no sólo desterrar a los insurrectos del paraíso, sino confinarlos en un presidio interminable.

Dicha ergástula consistía en un tren que recorría el tramo Constitución – Ezeiza, a veces Wilde. El tren tenía infinitos vagones y en cada uno viajaba un ángel castigado. Desde afuera semejaba a un tren normal y los ángeles eran invisibles a los ojos humanos. El horario del mismo era impredecible, ya que cambiaba permanentemente; creía uno, pues, viajar en un tren convencional y viajaba en el tren de los ángeles Cautivos.
Los ángeles aprovechaban su condición de traslúcidos e imperceptibles y se las tomaban con los viajeros desprevenidos. Descargaban sus chanzas y bromas inescrupulosamente sobre los mortales. Para ellos eran sólo eso, mofas y travesuras, pero para los hombres, terribles designios que alteraban, transformaban y hasta terminaban con sus vidas.

Ensayistas garantizan que el control de dicho presidio fue encargado al Arcángel Gabriel, en una de sus tantas corporizaciones.Gabriel, a diferencia de los Ángeles estándar, podía dividir su cuerpo en otros miles de cuerpos y así estar en muchos lugares al mismo tiempo. Como el lector puede intuir, la proeza de diversificación y filtro, resultaba en un degeneramiento:
a mayor cantidad de versiones, menor la calidad. A pesar de que Gabriel es un Ángel hermoso, de cuerpo armónico, ojos celestiales y bucles de oro, testigos aseguran que el custodio del tren de los ángeles cautivos sostenía un asombroso parecido con Enrique Muiño en "Su mejor alumno", lo que equivale a decir que era igual a Sarmiento. Los menos ilustrados se referían a él como el tipo del billete de cincuenta pesos. Revisionistas sospechan que si alguien andaba con cincuenta pesos en el bolsillo, difícilmente se tomaría el tren.
Los ángeles detenidos lo llamaban, en tono de burla, "Él chancho".
Tal vez un despreocupado subía al vagón donde estaba recluido el Ángel de la discordia. Solo bastaba que el ángel susurrara unas pocas palabras en su oído para que pasara el resto del peregrinaje discutiendo con los demás pasajeros por las más nimias razones. Una pisada de pie podía resultar en una pelea a cuchillazos y una ojeada al diario lindero en asesinato.
Lo peor de todo era que los efectos de las jugarretas angélicas eran permanentes y para siempre. No existía, ni existe hoy, alquimia, conjuro ni gualicho que evapore aquellos efluvios.
El afectado del ángel antes mencionado no podía hacer una simple compra sin pelear con el tendero por los precios, el grosor de las fetas de fiambre o su calidad. Se transformaba en un antipático crónico, avaro a la hora de las propinas en los bares y descortés con las mujeres.
Generalmente era proscrito de la mayoría de los comercios del barrio hasta que se les hacía imposible seguir viviendo allí, entonces se mudaban a otro barrio, donde repetían la odiosa rutina y se veían forzados a mudarse de nuevo. Así pasaban el resto de sus vidas, una perpetua mudanza que condenaba al exilio reiterativo.
Es sabido que muchos sufrían la gélida caricia del ángel del Lamento Perpetuo. Estas personas, al instante, encontraban motivos y razones para lamentarse allí donde no las había. Los solteros lamentaban el no encontrar una pareja duradera y envidiaban a viva voz a los casados. Los casados lamentaban su condición, envidiando en secreto a los solteros.
Los lamentadores perpetuos vivían entre sollozos y amarguras.
Ya en sus lechos de muerte, se lamentaban de no haber aprovechado sus vidas, de no haber perseguido con mas fervor el amor verdadero, de no haber arriesgado más, de no haber vivido mas aventuras y de no morir felices.
Finalmente, en el último suspiro, se lamentaban de haberse lamentado tanto tiempo y morían. En general lo hacían en soledad, ya que es muy difícil soportar a un Lamentador perpetuo.

También había ángeles cuyos influjos no traían tan horripilantes consecuencias. Tal era el caso del ángel de las conversaciones estériles. Siempre que el ángel advertía una conversación potencialmente interesante entre dos pasajeros desapercibidos, les soplaba su aliento en los labios y lograba sólo comentarios del tiempo, resultados deportivos, opiniones políticas erróneas y especulaciones sobre los baches nuevos del barrio.
La formación de una pareja era truncada cuando al pretendiente sólo se le ocurría decir "Tiempo loco" y a ella, "es la humedad".
Cronistas varios cuentan que cierta vez coincidieron Julio Cortázar y el Polaco Goyeneche en dicho vagón. Se miraron y Cortázar dijo: "Qué pedazo de cabeza" a lo que el Polaco respondió: "Mirá quien habla". Fue lo único que se dijeron en todo el viaje. Cortázar bajo en Banfield y Goyeneche siguió hasta Glew.El ángel de la negación supo hacer estragos en las almas sensibles. La gente se negaba a trabajar, hacer favores y en casos extremos hasta a comer y dormir.
El escribano Gerones negó hasta el día de su muerte las infidelidades de su mujer, incluso hasta cuando ella le presentó a su amante mientras hacía las valijas para un viaje a la Isla Martín García.Vanesa Del Comte decía que todos estaban locos cuando le afirmaban -por su propio bien- que su marido tenía varios hijos por ahí, aún cuando todos presentaban los mismos rulos ensortijados y, lo que era aún mas revelador, el mismo apellido. Ella simplemente repetía "Si la envidia fuera tiña..."
La combinación de vagones era igual de desfavorable. Una tarde de abril, el brujo Zapata pasó por el vagón de la Negación y luego por el de la Incredulidad, escapando del guarda porque no tenía boleto. A las apuradas se bajo del tren en Temperley, se tropezó y el tren lo hizo pelota. El Brujo Zapata se negó a estar muerto y siguió haciendo su vida con total normalidad. Un día se fue de su casa porque no podía creer con la desfachatez que su mujer lo ignoraba, mientras lloraba por las noches repitiendo su nombre.

El más temido de los ángeles era el ángel del inconformismo. Una vez viajado en aquel vagón todo dejaba de ser suficiente. Muchos hombres murieron solos porque ninguna mujer era merecedora de sus pasiones. Los trabajos eran tediosos y mal remunerados, miles de libros maravillosos fueron incinerados o arrojados al agua podrida simplemente porque sus autores no estaban conformes con los resultados. La sopa siempre estaba fría y sosa, las garrafas vacías, sin mencionar los sifones calientes.

Cuentan que el violinista Federico Almada y el pianista José Batisti, que compartían el alquiler de un caserón inglés sobre la calle Viamonte, fueron como hermanos desde la escuela primaria, enrolándose juntos en el conservatorio nacional. Dicen que en sociedad compusieron el concierto para piano y cuerdas más hermoso de la historia de la música. Almada, habiendo sido pateado en el culo por el ángel del inconformismo, puso las partituras en la parrilla y las roció con querosén.Batisti le rogó, entre lágrimas y de rodillas, que no lo hiciera, alegando que era el concierto más bello que jamás su hubiese escrito. Dicen que hasta amenazó con suicidarse poniéndose un matagatos bajo la mandíbula. A Almada no le importó y carbonizó el concierto.Batisti no se mató, sino que saltó y bailó danzas que bordeaban la herejía, gritando que lo quería como un hermano y que gracias a sus actos ahora tenía mas fuerzas para volver a empezar. Almada se mudó a Barracas sin miramientos, asegurando que de todas formas Batisti nunca había sido muy buen amigo.
Nunca se supo quién de los dos tenía razón, ya que las partituras se mezclaron con la grasa de unos chorizos y dos ruedas de morcilla.Revisionistas dan fe que ninguno de los dos, ya que si bien Almada actuaba bajo el influjo del Ángel del inconformismo, Batisti había sido alcanzado por el ángel del Entusiasmo Exagerado en un corto viaje a Lomas.
Si bien la existencia del tren de los ángeles cautivos no era con conocida por todos, gandules avispados aprovecharon la leyenda para hacer su agosto de los inocentes, como todos los gandules.
Una mañana, Juan Alberto de los Andes se presentó en la sucursal del Banco Provincia de Buenos Aires, sobre la avenida Alsina y amenazó a la concurrencia diciendo que era el ángel del Desconsuelo, que se había escapado del tren en un descuido de Sarmiento y que si no le era entregado el contenido de las cajas inmediatamente, tocaría uno a uno de los presentes y ninguno de ellos conocería nunca la dicha y la felicidad. Algunos salieron corriendo, Jubiladas se desmayaron, los guardias de seguridad arrojaron sus armas con las manos en alto.Arturo Taborda, cajero de cincuenta y un años, famoso por su cobardía extrema, se levantó tranquilamente, pasó hacia el otro lado de las cajas y lo durmió de una trompada. Luego se lo cargó al hombro y recorrió altaneramente las tres cuadras a la comisaría. Dicen que Taborda había ido a trabajar ese día en tren, abordando curiosamente el vagón del Heroísmo.Taborda nunca más viajo en tren por miedo a volver a convertirse en un pusilánime. Dilapidó sueldo y ahorros en taxis y remis, porque la parada del colectivo le quedaba a trasmano. Murió a los noventa y siete años solo y en la ruina, pero satisfecho consigo mismo.
Muchos temerarios, a falta de emociones más contundentes por la zona, jugaban a una especie de ruleta rusa ferroviaria. Aburridos por el tedio del barrio concurrían a los andenes de la estación de Banfield y se subían indiscriminadamente a trenes dispares, pasando osadamente de vagón en vagón. Luego se juntaban en la plaza y compartían experiencias y sentimientos. Generalmente montaban trenes inocuos, pero ellos aseguraban haberse subido al vagón de la Indiferencia y cometían actos de vandalismo, eran vulgares con las mujeres y se enamoraban de otras que no eran sus esposas, amparados por sus propias mentiras.Otros utilizaban al tren como excusas de sus propios errores y así lograban el perdón y la comprensión.
El mozo Bernardo Justo, cada vez que era atrapado en una de sus famosas y repetidas infidelidades aseveraba llorando que el ángel del Adulterio lo había tomado entre sus brazos y era fácilmente exculpado.Sostienen que Dios se cansó de tanta debacle y suspendió el funcionamiento del tren-presidio para siempre.

Altas esferas de la curia, revisionistas e historiadores aseguran que el tren nunca existió, que siempre fue una excusa para justificar las debilidades y malas resoluciones de los humanos.Yo no estoy de acuerdo.
Creo que el tren siempre existió, y una vez desensamblado, Dios liberó a los Ángeles revoltosos para que deambulen la tierra en libertad.Quien sabe quién tiene la razón. Tal vez ellos alguna vez viajaron en el vagón de la Refutación o yo en el de la Ceguera y no puedo ver mas allá de mis propias opiniones.

1 Comments:

Blogger SOFIASOL NATURAL said...

No se si el tren existió, pero esos ángeles andan sueltos y con las mas variadas intenciones. Creo haber sido rozada una vez en la peatonal Córdoba a las seis de la tarde hace 10 años por el ángel del inconformismo, y hace veinte años en un corto viaje a la Capital me toco abiertamente el ángel de la estupidez...en fin...busco todavía a algún ángel que me devuelva la inteligencia pero ese no se escapó del tren....Besos y suerte.

6:52 AM  

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